Cuarenta semanas, diez meses después, Isma Cerro se reencontró con el fútbol. Fue en los minutos finales del pasado domingo, cuando volvió a jugar tras la grave lesión de rodilla que sufrió. «Ha sido una alegría inmensa y además, en El Molinón», señaló el atacante.

Explicó que fue un proceso «muy duro, con mucho tiempo solo, en el que lo más importante es el aspecto sicológico, porque si fallas en esto, no avanzas en la recuperación».

Después llegó la vuelta a los entrenamientos. Era el momento de quitarse los miedos: «Los he quitado y he recuperado la confianza; ya estoy listo para luchar por un puesto».

 

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